No tengo gran cosa que decir sobre Los Angeles. Llegamos para pasar un día y al final fueron dos. No por haber descubierto una ciudad que no quisiéramos dejar nunca, sino por una tormenta pasajera que nos adelantó en dirección San Diego y nos impidió llegar.
De L.A vimos poco y desde dentro del coche. Entramos por Santa Monica, uno de esos sitios que te suenan tanto que parece que no son de verdad. Al llegar a L.A uno espera grandilocuencia, y lo que se encuentra es una simple ciudad que se expande hasta límites insospechados.
